HERMANDAD DE ANTIGUOS LEGIONARIOS DE CADIZ

Horario de oficina: Lunes, miércoles y viernes de 10'30 h. a 12'30 h.

C/ Bóveda de Santa Elena s/n. Cádiz.     Teléfono: 629-76.81.24

 

 

EL CORNETÍN

 

Nº 1. 20 de Septiembre de 2002

 

¡ TARARÍÍÍÍ... !

       ¡Atención! Aquí está La Legión. Hoy cumple 80 años y se va al campo, donde siempre le gustó estar: Alcalá de los Gazules. Tierra de frontera. Aquí está La Legión. Para ella una tienda de campaña cónica es un palacio.

       Hoy, como ayer, bajo las estrellas de Riffien, de Brunete o de Leningrad. Hoy llega con su guión de combate para que se lo bendigan en la ermita de Los Santos alcalareña.

      A este primer boletín escrito al paso ligero legionario, pronto le seguirán otros mejorados: pero siempre LEGIONARIO.

¡ VIVA LA LEGIÓN !

¡ VIVA ESPAÑA !

---------------------------------------------

El Carnaval de 1942

José Pettenghi

Quini

Me invitan a escribir sobre el Carnaval. Me parece irrelevante lo que yo pueda aportar sobre la fiesta. Considero un riesgo opinar en un asunto en el que no existen términos medios. O se está a favor o en contra. O se vive el Carnaval o se vive de él. Prefiero bailar sobre un campo de minas. Sin embargo, en estas mismas páginas se ha escrito que en el decenio oscuro de los años cuarenta, por estar prohibida la fiesta, nadie se atrevía a vestirse de máscara, ni siquiera a canturrear en público las coplas del Tío de la Tiza; so pena de ser detenido ipso facto por los queus y llevado preso al Piojito. Y es verdad...pero en febrero del 42, un par de gaditanos memorables y un servidor, celebramos el Carnaval. La cosa sucedió así:

     En una aldea cercana a Navogorod de cuya ortografía no logro acordarme, en frebero de aquel año, con el termómetro marcando treinta grados bajo cero, llegó un capitán del Cuartel General para inspeccionar las casas donde se alojaba mi gente, que se había ganado una semana de descanso después de estar combatiendo más de un mes sin parar. Su misión consistía revistar la higiene y que no se confraternizara con la población civil rusa (orden alemana que fué desobedecida desde el General hasta el último ranchero).

    Era noche cerrada con una vestisca insoportable cuando llamamos a la puerta de la primera casa. Nada más abrirnos, sospeché que aquello no terminaría bien. Nos recibieron los sones de ¡Aaaaquellos duros antiguos...! Además allí estaban sentados, entre mozas rubicundas, sus mamás y sus papás, el Quini y el Paquiro de Cádiz; desabrochadas las guerreras; animadísimos y ni siquiera se levantaron al entrar el capitán.

    El Paquiro fumaba un puro (¡Dios mio! el asistente del coronel andaba como loco buscando la caja de puros del señor coronel). Me convencí de la tragedia que se avecinaba.

- ¡Silencio!, ordenó el capitán ¿qué pasa aquí?

- Mi capitán, respondió Paquiro, con voz suave, estamos enseñando a estos señores como es el Carnaval de Cái, porque estamos en febrero ¿sabe usted? y estos pobrecitos no saben nada de nada, no saben ni por dónde cae Cádiz... por favor, mi capitán, haga usted el favor de cerrar la puerta que nos vamos a congelar...

- ¡Silencio!, atronó la voz del capitán. El Carnaval está prohibido y además no veo vuestro armamento, ¿dónde están vuestros fusiles?

    El Quini por fin se puso en pie y respondió:

- Mi capitán, los fusiles se han vuelto un engorro, el brigad anunca los encuentra en estado de revista... por eso hemos tenido una idea muy buena, en la casa de al lado vive un muchacho con la madre enferma, él nos limpia el fusil y nosotros le damos una latita de sardinas para su mamá. Mañana por la mañana los traerá, si los viera usted, comolos chorros del oro...¿quiere usted un vasito?, y le alargó un jarrillo de aluminio lleno de vodka- que es del bueno...¿eh?

    El capitán, castellano viejo de Arévalo, alto y seco como una mojama, me ordenó salir con él, y me gritó a través de la ventisca:

- Ya me advirtieron en el Cuartel General que mandaba usted una tropa de merodeadores. Todo lo que he visto ahí dentro: la mantequilla, el foie-gras, el vodka y el pan, estoy seguro que son del depósito de Intendencia.

    Y eso de celebrar el Carnaval es falta grave. Ponga orden en esa gente que no sabe ni saludar militarmente. Usted es el responsable del merodeo de sus hombres. Adiós. Montó en su trineo y se largó.

    Yo podía haberle dicho que el Quini y el Paquiro eran la mejor Infantería Española que pintara Velazquez en el cuadro de "Las Lanzas", los que están destrás de los capitanes de los Tercios de Flandes; sobre todo, uno con el pelo ensortijado, que es toda la cara del Paquiro. Pero para aquellas fechas yo no había visitado el Museo del Prado. Además, que si el Paquiro se entera, le da un ataque de risa...

P.D.: Por favor, Quini, ponte bueno, que tenemos que ir a "La Privadilla" a tomarnos unos vasitos en memoria de. Paquiro (q.e.p.d.).

    Un abrazo de tu alférez.